Materiales para el debate

Productora Escuela Cultural Comunitaria El Culebrón Timbal
Diez claves para la Acción Cultural

La necesidad de ampliar y fortalecer la democratización de la sociedad es una prioridad de todos los movimientos populares; no hay otra forma de resolver el hambre, la violencia y la destrucción del medio ambiente, entre otras urgentes heridas que sufrimos. Para muchos de nosotros es necesario avanzar hacia una Democracia Participativa, ya no sólo como un conjunto de pequeñas iniciativas puntuales (foros, redes, etc.) sino como el tránsito hacia una lógica nueva, una nueva relación entre lo público, lo comunitario y lo estatal, un sistema de valores integral que genere permanentemente en nosotros instrumentos y procesos de análisis crítico de la realidad y de búsqueda de las preguntas y las respuestas que necesitamos.
Este cambio de paradigmas implica abandonar la "Cultura de la Delegación" y avanzar hacia la "Cultura del Protagonismo", un camino que miles y miles de experiencias políticas están haciendo en nuestro país y en Latinoamérica. Particularmente aquí, en el Conurbano y la Ciudad de Buenos Aires, organizaciones y grupos culturales, artísticos y de comunicación animan procesos sociales que empiezan a discutir otra visión de lo que llamamos "cultura popular", "masiva" o incluso "industria cultural", ya no desde la perspectiva del consumo, sino desde la creación libre, emancipadora, territorial y comunitaria. En la mayoría de los casos, estas experiencias prefiguran y debaten un modelo de sociedad distinto, aún en borradores, pero cotidianamente activo y eficaz.
Este primer encuentro de "Cultura y Democracia Participativa" intenta hacer un modesto aporte en el encuentro de esos saberes. Propiciar un espacio colectivo de reflexión y creación como una manera de empezar a ponerle palabras e ideas propias a la construcción necesaria de las visiones y políticas culturales que necesitamos los sectores populares en la ciudad y el Gran Buenos Aires. Políticas que tendrán que dejar atrás las conductas de delegación que siempre nos paralizan en el lugar de las víctimas, para imaginar y hacer los circuitos, eventos, medios y obras que irán siendo parte de una nueva sociabilidad posible.
En este marco, les proponemos estas diez claves para la acción y la política cultural, que fueron el resultado de un debate colectivo y quieren ser, a su vez, insumo para continuar un diálogo creador con el resto de las experiencias y organizaciones sociales que comparten con nosotros tantas inquietudes y un mismo territorio. Ojalá sirvan para la construcción que necesitamos todos.

1
Desde el pueblo


No hay proyecto cultural consciente que no busque situarse en un punto de identidad. Móvil, múltiple y desafiante, la palabra "pueblo" nos sigue convocando. No como una categoría de la retórica electoral, sino como la posibilidad de existencia del sujeto social capaz de sustraerse a las lógicas del mercado y la dominación para devolver a la política comunitaria el gobierno de lo que es público. El pueblo creador, históricamente presente. Los vecinos y vecinas, trabajadores, los ciudadanos -y no exclusivamente los artistas- como los que producen y procesan el arte y la cultura necesarios para vivir, resolver sus problemas y afirmar y/o renovar su identidad. Así entendidas, las obras son siempre hechos sociales y comunitarios, en los que los valores e ideologías que le dan sentido son parte de su "belleza".

2
Desde el territorio y el barrio


Lo territorial y lo barrial son apenas un espacio-objeto en el sistema cultural dominante, la geografía local de un plan de negocios. En el tránsito hacia una Democracia Participativa, el lugar de la vida cotidiana es la galaxia en la que se juega la más estratégica disputa; entre la visión que convierte la emancipación y el conocimiento en un juego colectivo y popular, y la que frustra ese sentido desde la tristeza del poder. El barrio, el territorio, son además, hoy, el sitio privilegiado de articulación de lo público, el espacio virgen de un modo luminoso de circulación del arte, la cultura y la comunicación, que pueda combinar internet con la vereda, televisión digital y asamblea, satélite y metegol, celular y red barrial de organizaciones. La clave de una política distinta, que es siempre otra cultura, y que será también una nueva institucionalidad.

3
Desde la Potencia

Un paradigma viejo solo termina de morir por la abrumadora y vital multiplicación y ampliación del paradigma nuevo en la realidad misma; es la energía de futuro la que transforma el conflicto social en un punto distinto y mejor de camino hacia la igualdad. Por eso, más que un lenguaje de las víctimas, esbozamos los borradores de las palabras que están nombrando el futuro, y buscamos crear los lugares en los que mejor resuenan, ésos espacios en donde son mejor entendidas. Se trata del esfuerzo de crear el futuro que queremos, trabajo más complejo que el de emitir una queja o un pedido, pero siempre más poderoso e inquietante. Por eso trabajamos por desarrollar un modo creativo e integral de relacionar lo artístico con el conflicto social, con las realidades de la pobreza y la exclusión, desde un lugar de propuesta de una nueva sociedad.

4
Desde la integralidad y la multiplicidad

Integralidad que intentamos, antes que nada, en el manejo del tiempo y la identidad. Con la memoria, el presente y el futuro y toda nuestra diversidad cultural como materiales de trabajo. Con el juego, la exploración y el trabajo como modos diferentes de producir conocimiento; con lo masivo, lo grupal y lo personal como espacios de creación y resignificación de lo humano, con la tradición, con sus lecturas y con lo nuevo como campos de la expresión colectiva, con la multiplicidad de temperamentos, tonos y explicaciones de la realidad, con los mitos, los idiomas y las creencias; con la certeza de que finalmente sólo es posible un mundo en el que quepan muchos mundos.

5
Con organización

Caminamos buscando nuevos modelos organizativos. Entendemos que una Democracia Participativa se construye dotándonos comunitaria y localmente de todas las capacidades en la producción de los mensajes y de sus modos de circulación y anclaje. Por eso impulsamos una "productora escuela cultural y comunitaria", como unidad de producción y articulación territorial de flujos de creación y distribución de bienes culturales. Un lugar en el que se ayuda a crear canciones, ferias, marchas, caravanas y películas de aventuras. Un espacio cuya dirección sea la sumatoria de las visiones de organizaciones sociales y vecinos en su imaginación del futuro y de lo que es necesario. Un ámbito capaz de convertir el debate político en insumo del trabajo estético y comunicacional, no como marco disciplinario, sino como un posible punto de partida para la exploración, la formación y la invención.

6
Por la construcción de circuitos culturales alternativos

La socialización de nuestras producciones siempre trae consigo un debate. Lo que llamamos "Industria Cultural" es el andamiaje financiero y productivo que, a la vez que explota trabajadores, organiza su llegada a los consumidores de bienes culturales, diferenciados según condición social y capacidad de consumo. Su mirada ve en todos sólo potenciales compradores. Pero... ¿Qué "industria cultural" resulta de quienes vemos al pueblo, a los colectivos y redes no como consumidores, sino como productores de los bienes culturales de una Democracia Participativa? ¿qué nueva ingeniería de circulación y reapropiación del arte y la comunicación resultan de ello? ¿quiénes son las "estrellas" de esa visión, y cuál es el "éxito"? ¿cómo se crean los premios (y la economía) de esos procesos? Esta exploración la sentimos estratégica; no se trata tanto de descalificar los aplausos de la industria cultural que tenemos, como de crear los aplausos, el afecto y el reconocimiento de la cultura que necesitamos, en redes de organizaciones que den lugar a la circulación y al intercambio de bienes culturales, capaces de reinventar lo que entendemos por "obra", "medio" y "público".

7
Una visión propia


Generar un proyecto cultural propio implica insistir en la puesta en discusión de los discursos, estéticas, formatos y modos de circulación y socialización de las industrias culturales (radio, televisión, prensa gráfica, artes escénicas, industria musical y editorial, etc). Implica señalar con claridad el carácter antidemocrático de sus sistemas de funcionamiento, su sujeción a estrategias comerciales y financieras que sólo pueden producir aburrimiento, insensibilidad y abandono de lo público; su desvinculación esencial de las prioridades sociales en materia de derechos y su incapacidad de procesamiento de las capacidades estéticas y comunicacionales de la comunidad misma. Su destino de embrutecimiento, voracidad y parálisis.

8
Por otro encuadre legal y conceptual de la actividad cultural

La evolución de los modos de circulación de los bienes culturales, de la mano de la explosión tecnológica de las últimas décadas, también ayuda a poner en debate marcos conceptuales que rigieron la discusión hasta hoy. El trabajo realizado sobre la idea del "copy-left", la figura del artista autogestionado en materia impositiva y de regulación de la producción y comercialización de los bienes culturales forma parte de una disputa en la que también se dirime el modelo de socialización de esos bienes. Hasta hoy, la relación entre arte y política se expresaba casi exclusivamente en el campo de los discursos y las metáforas. En la actualidad es imposible aislar ese campo de los procedimientos económicos, políticos y sociales que le dan entidad. Se trata de una dimensión que no sólo afecta aspectos instrumentales del proceso de comunicación que hay en todo hecho artístico, sino que forma parte de su belleza y su potencia metafórica.

9
Por una Economía Pública y Social


Un nuevo proyecto cultural no puede darse sino con otros modelos de producción, comercialización, desarrollo y trabajo ligados a la economía pública y social, al comercio justo y al encadenamiento de las empresas sociales, mutuales, cooperativas y sindicatos de trabajadores existentes en el mismo territorio, y a nivel regional, nacional y latinoamericano. Se trata de la única estructura económica que alguna vez garantizó una distribución del ingreso más equitativa y, por otro lado, la única realmente capaz de generar los niveles de trabajo y empleo necesarios para superar la pobreza que afecta a la mitad de la población y el 70% de nuestros jóvenes. La articulación local de sus actores sociales y la proyección de su desarrollo son parte esencial de una estrategia emancipadora en el plano cultural.

10
Por la Democracia Participativa, la distribución del ingreso y el hábitat y el medio ambiente

Es necesario disputar y crear un nuevo imaginario en torno de lo que se entiende por espacio público, cultura y democracia. Necesitamos promover acciones culturales que devengan en herramientas de Democracia Participativa en lo relativo a la gestión pública-estatal de los ámbitos institucionales, políticos y educativos en el barrio y el territorio (Consejos Comunales, Planes de Desarrollo Local, Consultas Populares y plebiscitos periódicos, Presupuesto Participativo, etc.), pero también en la discusión de las políticas nacionales. Estas herramientas, articuladas en iniciativas claras de lucha por una distribución justa en la producción y la distribución de la riqueza y en la defensa del hábitat frente a las agresiones del consumismo y la voracidad empresaria son prioridades estructurales de la creación de arte, comunicación y cultura comunitaria.